miércoles, 27 de junio de 2012

La discreta visita de Benedicto a Cuba

El Nuevo Herald
Guillermo Descalzi  
2 April 2012
El Papa llegó a Cuba con el evangelio del amor. Se necesita fuerza para amar a los desdichados, excluidos, marginados, pisoteados, perseguidos y rechazados. Hay que ser fuerte para darles amor manifiesto en acciones y obras. Las acciones y obras de Benedicto en esta visita ponen de relieve la apertura del régimen a la iglesia católica, y la de la iglesia al régimen. Benedicto llegó con discreta cortesía para los hermanos Castro.
Mientras el Papa decía que Cuba debe ser “casa de todos y para todos los cubanos, donde vivan la justicia y la libertad en un clima de serena fraternidad”, las autoridades implementaban una campaña represiva diseñada exclusivamente para la visita papal. La burla fue pública. Quienes no la vieron es porque no la quisieron ver. Las detenciones de disidentes continuaban mientras Benedicto se reunía con Raúl y Fidel. Se reprimía a los activistas de derechos humanos. Unos fueron detenidos en comisarías. A otros se les impidió salir de sus casas. Sus teléfonos celulares quedaron sin señal. La represión incluyó, o mejor dicho excluyó, a las Damas de Blanco. Habían solicitado unos minutos con el papa. Fueron excluidas de la lista de audiencias privadas.
Benedicto pidió libertad y cambio. Su pedido, leído desde el púlpito en lenguaje formal y poético, hace que uno se pregunte donde habría creído que estaba. Leía mientras el régimen oprimía. Usaron a la iglesia y el papa. Eso es lo que hicieron los hermanos Castro. El papa habló de amor, paz, cambio y tolerancia. El régimen respondió con cachetada al rostro. Benedicto parece no haberla sentido. Quizás ni siquiera se dio cuenta de ella, entretenido como estuvo con la presentación y la actitud obsequiosa del cardenal Ortega y Alamino en su doble condición de representante del papa en Cuba y representante sin cartera del régimen ante su santidad.
Se acercaba la Pascua Florida, cuando Jesús en su última cena lavó los pies de sus apóstoles. La visita papal fue usada por el gobierno para lavarse la cara. Jesús fue crucificado, muerto y sepultado. Al tercer día resucitó. La crucificada y sepultada libertad en la isla está, tras la visita de Benedicto, todavía lejos de su resurrección. Su sepulcro ha sido blanqueado con la visita del Papa. El gobierno debe estar encantado. Oswaldo Payá escribió “de ellos y a nombre de ellos, los que no han tenido voz, sólo desprecio y represión… ellos son los que defienden la reconciliación, la paz y la libertad… A ellos los han excluido”. Fueron excluidos con la aceptación tácita del primer incluido del catolicismo en la isla, el cardenal Ortega, incluido por el régimen para propósitos del régimen. Mal servicio le hizo el cardenal a Su Santidad. La exclusión de las Damas de Blanco debe y tiene que haber pasado por sus manos. Mientras tanto, en una actividad simbólica, una flotilla del exilio a doce millas de La Habana lanzó fuegos artificiales que el papa seguramente no vio, y de los cuales quizás ni se enteró.
Después de la visita se escribió que “Benedicto XVI hizo una discreta crítica al régimen… señalando que la búsqueda de la verdad por parte del hombre puede llevar a algunos a la irracionalidad y el fanatismo, encerrándose… en su verdad”. Lo siento. La represión en Cuba no es una posibilidad. Eso de que puede llevar a la irracionalidad es como decir que en el infierno puede haber calor. Es una espantosa distorsión de los hechos. Hace que la discreta crítica al régimen resulte como el discreto encanto de la burguesía, tan preocupada por apariencias y tan vacía de realidad.
El surrealismo en esta visita ha sido más extraño que en una ficción. La Iglesia y el gobierno se felicitan. Consideran que todo fue un éxito. Han logrado lo que buscaban. El régimen consiguió el aval tácito del Vaticano en su transición al nuevo socialismo. El cardenal aseguró para sí un rol en la isla del mañana. Monseñor Thomas Wenski, arzobispo de Miami, y los exilados de Florida que viajaron con él, probaron que el catolicismo puede mediar para que el exilio viaje a Cuba sin entrometerse en su política. Es todo muy irónico. El Papa se fue contento, habiendo recibido de Raúl respuesta positiva a un pedido de declarar feriado el viernes santo. ¿Por qué el Papa no le pidió que libere disidentes específicos, con nombres y apellidos? Los presos siguen donde están y en la isla todo ha vuelto a su normalidad. Ite, misa est . Idos, la misa ha terminado.

Una familia con suerte

El Nuevo Herald
Jorge Ferrer  
2 April 2012
Benedicto XVI dejó La Habana bajo la lluvia del pasado miércoles después de reunirse con un espectral Fidel Castro. El dictador ya muy disminuido le hizo muchas preguntas. Entre otras, le habría preguntado que a qué se dedica un Papa. Y aunque el heredero de Pedro no le replicó preguntándole que a qué se dedica un autócrata en retiro parece ser que ese Castro vestido como para salir a correr le confió que se dedica al estudio de las vías por las que este mundo camina hacia su fin.
Habrá sido un delicioso diálogo de inspiración milenarista entre dos ancianos antes separados por la excomunión de uno y el enfrentamiento del segundo a la Teología de la Liberación. Joseph Ratzinger ocupa silla a la espera del fin de este mundo y Fidel Castro lleva un par de años asegurándonos que el mundo se acaba con él, porque catástrofes sin nombre se ciernen sobre nosotros, pecadores sociales que somos.
A algunos cubanos de los doce millones en la Isla o el Exilio que seguían la visita papal les interesan, cómo no, el calentamiento global, la magnitud de los arsenales nucleares o el relativismo moral que denuncia el heredero de Pedro. Pero más, mucho más, les gustaría que Cuba recuperara la normalidad secuestrada por una dictadura que lleva más de medio siglo emponzoñando a cubanos contra cubanos. El espectáculo de ver a Raúl y a Fidel Castro reuniéndose con Benedicto XVI –acompañado de su mujer y dos de sus hijos el segundo; siempre seguido por su nieto el primero, aunque no exista evidencia gráfica del encuentro con la “familia” de Raúl Castro que anunció el Vaticano– los enfrentó a una exposición de la familia Castro como no habían visto antes jamás. Muchos Castro, demasiados. Tres generaciones de Castro.
El patrimonio que una misma familia ha ejercido sobre el país por medio siglo se mostró durante esta visita con una obscenidad que ninguna disculpa vaticana permite excusar. Ningún jefe de Estado, y Joseph Ratzinger lo es, concedió antes tal atención pública a la familia que gobierna Cuba y ha separado a tantas otras por medio de la prisión, el exilio o el encono.
Claro que el pollo del arroz con pollo de esta visita está en otro lado. Sus muslos, pechuga y hasta alita, la derecha. La Iglesia ha ido ganando a lo largo de esta última década de tardocastrismo una presencia en el precario espacio público cubano y una interlocución extraordinarias con el gobierno. Constituida ya de facto en la única institución cuyos discursos sociales y políticos son tolerados, ahora avanza con ínfulas en busca de una presencia mayor. No pide la devolución de una Villa Marista desde la que se sabe también vigilada, pero ansía catequizar en los colegios e intervenir así en esa joya desvaída del castrismo que es su sistema educativo. Invertir euros en un decrépito “logro revolucionario” a cambio de ganarle espacio a las iglesias evangélicas que suman fieles a montones en los barrios más desfavorecidos y el campo cubano.
La apuesta de la Iglesia es legítima. Y muchos cubanos la consideran también deseable. Pero igualmente legítimo y mucho más deseable es que la pluralidad social y política que encarnan los grupos opositores, entidades paraestatales o iniciativas independientes en la Isla o el exilio accedan también y con reconocimiento equiparable a la palestra pública cubana.
Esta visita papal, con sus alusiones al mañana que ya se anuncia, sus llamados a la reconciliación y al ejercicio de la libertad falló dos veces a declaraciones tan estimulantes. Lo hizo al silenciar a la oposición, primero. Pero lo hizo, y con una gravedad simbólica espeluznante, al rodear a Benedicto XVI de tres generaciones de la familia Castro, la que todos queremos imaginar es el exacto reverso del mañana invocado.

La Primavera Ortegueana

Cubaencuentro
La Iglesia católica cubana es responsable espiritual, aunque no culpable, de la nerviosa persecución de disidentes desatada por el Gobierno en cada rincón posible de la Isla
Manuel Cuesta Morúa, La Habana | 03/04/2012 10:36 am
 Llamo Primavera Ortegueana no al presumible despertar religioso que resultaría de la visita a Cuba de Benedicto XVI, sino al escenario y ambiente represivos que la hizo definitivamente posible. Lo de Ortegueana viene del nombre del único Cardenal de Cuba: la cabeza visible de un proceso ignominioso que ha entrado ya en la historia de la Iglesia en Cuba. Lo de Primavera, ya sabemos, por la represión de 2003 que llevó a prisión a 75 conciudadanos demócratas.
Como los molinos de los dioses muelen lentamente, nunca sabremos cuál será el impacto positivo de la visita Papal. Para la sociedad, no para la Iglesia desde luego. La Iglesia afianza su espacio luego de cumplir su tarea de intento de legitimación del único régimen en el mundo moderno que hace, al mismo tiempo, dos cosas supuestamente contradictorias: participar en una misa católica y desatar una cacería cívica por todo el país contra ciudadanos pacíficos, algunos de ellos devotos por confesión.
La imagen que me viene a la mente es la de varias películas que tratan el tema del nazismo y describen aquellos momentos sublimes en la que los diseñadores del crematorio escuchan música clásica, al mismo tiempo que sus ejecutores confeccionan peines con los huesos de las víctimas judías del Holocausto.
La diferencia entre el crematorio nazi y la represión en Cuba es bíblica. De modo que no comparo la dimensión sino la naturaleza mental de los perpetradores. Pero si Beethoven o Bach no fueron responsables de aquellas matanzas ejecutadas contra la humanidad, la Iglesia católica cubana sí es responsable de la nerviosa persecución de disidentes desatada por el Gobierno en cada rincón posible de la Isla. Muchos lugares del país entrarán al mapa virtual de Google Earth no como zona turística sino como zona de represión santificada.
Responsable espiritual, no culpable. La culpa de reprimir la tiene exactamente quien reprime: el que tiene toda la voluntad de desviar a cualquier precio y costo el curso de la historia, y piensa que encarcelando o deteniendo a cientos de demócratas consigue conjurar la libertad. Ese es el Gobierno cubano, que no acaba de darse cuenta que ciertas libertades le seguirán dando un mal bounce para colarse de lleno en los jardines de la sociedad. Y anotar.
Pero seguir adelante con el aterrizaje en Cuba del Vaticano en pleno sin arriesgar una crítica minimalista a la violencia desatada contra la comunidad democrática a lo largo y ancho de la Isla proporciona un halo místico a la represión, que muestra una conexión católica con el castrismo más profunda que las meras coincidencias de fines entre el cristianismo, la doctrina social de la Iglesia, de la que el catolicismo en Cuba no hace mucha gala, y una retórica socialista bastante sedicente.
En una dimensión clave, estamos ante un pacto criollo de tipo corporativo intentando reciclarse cruzadamente: la Iglesia en una salida social, y el castrismo en una de tipo espiritual luego de su vacío ideológico y de valores. La salida económica de este pacto la aporta, desde un reciclaje de otro tipo, el Cuba Study Group.
Sobran los cubanos en este pacto. Y los demócratas los primeros. No extraña por eso que en medio de los cánticos religiosos, muchos de nosotros nos encontráramos o bajo detención domiciliaria, o en las celdas de cualquier estación policial, o frente a ellas penando por nuestros amigos o familiares, o mal heridos en un hospital o policlínica del país. Y, aunque parezca extraño también, golpeado por un integrante de la Cruz Roja o vilipendiado por un devoto de la fe católica. La violencia a las puertas de esa fe.
Después de todo no valió la pena, ni para la iglesia más universal de occidente. Unas misas sin entusiasmo, llenas de jóvenes que taponaron sus oídos con reggaetón y de funcionarios del Estado, no colmaron las expectativas de unos y otros a pesar de los grandes esfuerzos de imagen, de organización y de propaganda.
La fe seguirá borrada. Independientemente de que tanto jerarcas de la fe como sociólogos gusten de la estadística y afirmen que aumentan los católicos porque aumentan los bautizos. Superficialidad institucional que se niega a reconocer la Cuba civil, plural y descreída: esa Cuba que avanza, sincréticamente, frente a la hipocresía doctrinal.
¿Qué le pasó a la Iglesia católica? Lo mismo que al Partido Comunista. Este se imagina que la sociedad no existe porque solo concibe el vacío fuera del Estado. Esa percepción errada lleva a pensar la sociedad, que sí existe, como un regimiento disciplinado controlable por los canales habituales. En este discurso antisocial, la espontaneidad es indisciplina y la protesta provocación. Y la represión el recurso. De la fe y del partido. No hay que asombrarse de que ninguno de los dos parezca aceptar esta doble realidad: la sociedad cubana se autoconstituye en todos los niveles posibles, por un lado, mientras que por otro solo mal funcionan las instituciones encargadas de la coacción: la policía y la Contraloría General de la República. Aquellas otras dedicadas a la creación de consensos y bienestar languidecen sin ruido y preocupación general. Porque simplemente la Cuba institucional no coincide con la Cuba societal.
En este sentido, y afortunadamente para ellas, el mensaje de Benedicto XVI en Cuba salva a la iglesia universal primero, para reconstruirle el camino a la iglesia local después. Diría que el Papa vino a la Isla con un propósito y tuvo que torcerlo en el trayecto para socorrer a una fe que ya estaba en llamas frente a la sociedad, que lo es en tanto es civil.
La jugada fue hábil. Señalar al comunismo como el origen del pecado limita los esfuerzos teóricos de la Iglesia del patio por avalar su actualización. Y si bien no desautoriza al Cardenal Ortega por la conversión de la policía local en Guardia Suiza momentánea, si le recuerda que hay otras partes legítimas de la historia. Confirmación de que si entre ellos se dan codazos, contra ellos se protegen. La Iglesia en Cuba rescatada del Estado con una vetusta maniobra que le devuelve su mensaje bíblico de libertad sin darle al Estado toda la legitimidad que pedía y necesitaba.
El Vaticano demuestra que sigue siendo políticamente interesante, la Iglesia católica cubana que tiene mucho que aprender del mismo Vaticano y el Estado cubano que no se puede apurar la fe para satisfacer apuros políticos.
Al final, Benedicto XVI coincidió más con quienes no se les permitió llegar a misa, aunque muchos no pretendiéramos ir, que con los que le organizaron su presencia en Cuba. Ese es el consuelo, en términos religiosos, para quienes sufrimos la Primavera Ortegueana tras un desastre político que no sirvió a la estrategia de nadie. Benedicto XVI debe estar bastante arrepentido. Después del protocolo de despedida

Los negocios del Cardenal

DiarioDeCuba
Iván García | La Habana | 03-04-2012 - 10:18 am.
La Iglesia Católica de Cuba controla un fondo inmobiliario amasado a partir de sus asilos de ancianos.
El asilo de ancianos de la Iglesia de Paula, en la barriada habanera del Mónaco, no tiene nada que envidiarle a un hostal para turistas. Ahora mismo, los ancianos toman el sol o leen un libro mientras recuerdan el pasado. La atención que reciben por parte de las monjas y el personal médico es de primera. La ropa de cama la cambian diariamente. Desayunan, almuerzan y comen y pueden tomar jugo o leche, de merienda o antes de dormir. Y los fines de semana, las esforzadas monjitas los llevan a pasear en un monovolumen de la entidad religiosa.
Todo a cambio de ceder sus casas y sus pensiones a la iglesia.
Los hospicios para mujeres y hombres de la tercera edad administrados por la Iglesia Católica, dirigida por el Cardenal Jaime Ortega, marcan una diferencia brutal con respecto a sus similares estatales.
No muy lejos del Mónaco, en el antiguo Hogar del Veterano, en San Miguel y Agustina, hay un asilo estatal que da grima. Los viejos, sucios y legañosos, se la pasan pidiendo dinero y cigarrillos sueltos. La comida es un sancocho repugnante. Y muchos de los ancianos, con sus achaques a cuestas, mal vestidos y peor calzados, salen a la calle a intentar buscarse un puñado de pesos, recogiendo latas vacías, vendiendo periódicos o cucuruchos de maní.
Estos ancianos no están en ese destartalado asilo porque lo desean. El problema, y es la gran diferencia, es que ellos no tienen propiedades para ofrecerle a la Iglesia a cambio de esperar la muerte con dignidad.
Las teorías del catolicismo conmueven a cualquier ser humano. Ayudar al prójimo, a los necesitados y a quienes sufren. No está mal. Pero en la práctica, al menos en Cuba, la realidad dista a ratos de esos valores cristianos.
Hace dos décadas, Teresa, beata incorregible, después del fallecimiento de su hermana, al sentirse sola y triste, decidió esperar sus últimos días en un asilo de la Iglesia Católica. Eran los años duros del "período especial" y, antes de pasar hambre y penurias, Teresa prefirió donar al Arzobispado su pensión de jubilada y su apartamento de tres habitaciones, dos baños y amplia terraza, en la calle Carmen, a un costado del Paradero de la Víbora (en el actual mercado inmobiliario, el precio de ese apartamento es de unos 25 mil dólares).
Una decisión personal que merece respeto. Cada cual decide a quién o quiénes cede sus bienes. El punto es lo que después pueda hacer con esos bienes la Iglesia Católica.
A los pocos días de dejar Teresa su apartamento, una brigada de obreros de la construcción del Arzobispado comenzó a repararlo, con materiales de calidad. Según los vecinos, que como en todo barrio están al tanto de lo más mínimo, el apartamento le fue otorgado a una "sobrina" recién casada del Cardenal Jaime Ortega, una muchacha que en realidad era la hija de un primo, pues Ortega no tuvo hermanos.
Buen regalo de bodas. Luego ella y su esposo se marcharon del país, igual que muchos de los "hijos de papá" que gobiernan en la Isla, y el piso le fue transferido al hermano del esposo de la "sobrina" del Cardenal.
Recuerden que en Cuba el 60% de las viviendas están en mal estado técnico. Y que un 80% de las jóvenes parejas suelen vivir con cuatro generaciones diferentes bajo el mismo techo.
Pero Jaime, el pastor de Dios en la Isla, puede darse tales lujos. No es un caso aislado. La Iglesia tiene un fondo habitacional que suele usarlo a su conveniencia, sin que nadie se lo cuestione.
Rebeca, licenciada en enfermería laboró cinco años en un asilo gestionado por la Iglesia. "Fue una jugada calculada. La hice para obtener una casa. Yo dormía en una colchoneta en el suelo de una vivienda pequeña y desbaratada donde residíamos nueve personas. Una monja amiga mía me consiguió un trabajo en un asilo. Y con el tiempo, habló con el párroco a ver si podían cederme un apartamento vacío que tenía la Iglesia".
Cuando usted le pregunta a Rebeca si conoce de alguna donación del Arzobispado a familias cubanas que hayan perdido sus techos debido al paso de ciclones, sonríe: "No, no conozco ningún caso. Las casas casi siempre son repartidas entre el personal civil que trabaja en las instituciones eclesiásticas".
Aunque quizás, para estar a tono con el diálogo fluído que la iglesia mantiene con el General Raúl Castro, el templo del Mónaco cedió un terreno al Estado y en estos momentos una microbrigada levanta allí un edificio de apartamentos.
Por supuesto, esos negocios con el fondo de viviendas a su disposición no son prácticas exclusivas de la Iglesia Católica. El Estado lo viene fomentando desde hace 53 años.
El régimen dispone de innumerables casas, apartamentos, mansiones, de personas que decidieron emigrar, y reparte ese fondo entre generales, ministros, tecnócratas y asesores, entre otros. Muy pocas de esas viviendas van a parar a los verdaderos necesitados.
Mientras en voz baja la Iglesia y el Estado trafican con inmuebles en beneficio de familiares, amigos o fieles, en público pronuncian discursos a favor de los desposeídos.
Durante los últimos diez años, varios huracanes azotaron con fuerza la Isla. Todavía muchas familias viven en sórdidos albergues que nada tienen que envidiarles a las duras prisiones.
No hay nada más parecido a una autocracia que el Vaticano. La edad de retiro de cardenales, arzobispos y monseñores es a los 75 años, pero suelen estar activos hasta la muerte o hasta que una enfermedad los incapacite. Como en las autocracias, existe corrupción, falta de transparencia e intrigas. El Vaticano ha sufrido diversos escándalos debido a casos de pederastia de algunos obispos en Estados Unidos, Alemania, Irlanda...
Ante esto, tanto Juan Pablo II como Benedicto XVI han preferido callar. En su visita reciente a México, el Papa alemán no se reunió con las víctimas de abusos sexuales cometidos desde los años 40 por el fundador de los Legionarios de Cristo, Marcial Maciel. A pesar de las numerosas evidencias, gracias al silencio del Vaticano, Maciel falleció en 2008 sin ser procesado judicialmente.
La Iglesia Católica mundial necesita urgentes reformas acorde con los nuevos tiempos. La de Cuba no se queda atrás. Está por ver si esa institución milenaria desea cambiar.

Nuestra experiencia cubana

Manny García-Tuñón  
Pequeños Negocios
2 April 2012
El Nuevo Herald
Mi esposa Helin y yo compartimos muchas experiencias culturales. Los dos nacimos en Miami, hijos de padres cubanos que emigraron a los Estados Unidos como jóvenes después de que Fidel Castro tomara el poder a la fuerza y convirtiera a la idílica isla en un estado comunista. Ninguno de los dos tenemos familia en Cuba y nunca habíamos considerado viajar a la isla mientras los cubanos siguieran sufriendo bajo el comunismo. Pero Helin y yo también compartíamos la misma penosa duda. Como muchos miembros de nuestra generación que nacimos en el exilio y nunca nos hemos sentido lo suficientemente americanos para ser americanos o lo suficientemente cubanos para ser cubanos, siempre nos sentimos robados de la auténtica experiencia cubana y nos preguntábamos, “¿Somos cubanos o americanos?” Crecí pensando que yo era un “cubanoamericano,” pero, ¿existe esto en realidad? La semana pasada recibimos juntos la respuesta a nuestra pregunta.
El lunes 26 de marzo a las 10:00a.m., el segundo de dos aviones alquilado por la Arquidiócesis de Miami con 310 peregrinos viajando para asistir a las misas papales en Cuba aterrizó en Santiago – esa legendaria tierra donde el papá de Helin, que falleció hace cuatro años, había nacido. Helin y yo estábamos en ese avión. Cuando el avión tocó tierra yo la cogí de la mano mientras ella sólo miraba por la ventana. Entonces, finalmente, se viró y me dijo “de verdad existe…”.
“Sí” le dije con compasión. Cuba, la Tierra de Nunca Jamás de nuestra generación, realmente existe.
Para nosotros, el viajar con nuestra Arquidiócesis de Miami como peregrinos de la histórica visita de Benedicto XVI, era la justificación para hacer el viaje. Las emociones que Helin y yo experimentamos juntos en Cuba fueron de la felicidad a la tristeza y del furor a la alegría. Nos unimos a los fieles que aplaudían y cantaban mientras el Santo Padre llegaba a celebrar las misas – ¡muchos sabían todas las canciones y las respuestas! Nos quedamos sin palabras al ver que muchas de las mismas personas aplaudieron cuando llegó su dictador. Nos reímos. Lloramos. Rezamos mucho. Mi primo, que también estaba en la peregrinación de Miami, les decía a todos los que conocía “recuerda que somos hermanos”. Ellos también se rieron. Lloraron. También rezaron.
Hablamos con la gente que conocimos en las calles. Les hacíamos preguntas, compartimos nuestro testimonio y aprendimos mucho. Una cosa muy importante que aprendimos es que la mayoría de los cubanos en la isla simplemente no sabe ser libre. Piensan que “los derechos” son algo que el gobierno da y quita al pueblo. No tienen noción de que sus derechos son inalienables, dados por Dios, y por lo tanto, que nadie se los puede arrebatar —especialmente su libertad. No entienden que ellos son libres, porque nacieron bajo un sistema que les ha quitado su “expresión de la libertad”, pero no su libertad. Y no su dignidad como seres humanos. Eso les pertenece. Únicamente, ellos no lo saben.
Nos dimos cuenta de que el Arzobispo de Santiago de Cuba es un verdadero pastor de los cubanos dentro y fuera de la isla. En su mensaje en la Plaza de Antonio Maceo, el Arzobispo Primado dijo: “El proceso de alcanzar estos ideales nunca termina, también hoy estamos empeñados en conseguir que el bienestar y la justicia lleguen a todos. Somos un solo pueblo pero con diferentes criterios en cuanto al camino para buscar un futuro mejor. A lo largo de nuestra corta historia, este hermoso empeño se ha visto oscurecido por los egoísmos, la incapacidad de diálogo y de respeto al otro, la presencia de intereses ajenos a los nuestros, la exclusión y la intolerancia, hasta llegar a ser irreconciliables, en vez de buscar las coincidencias que nos animan a caminar juntos. Hemos llegado a la violencia entre cubanos, que hace sufrir a todos, no beneficia a nadie, hiere la dignidad y dificulta el verdadero desarrollo material y espiritual de nuestro pueblo. Es necesario superar las barreras que separan a los cubanos entre sí. Este es un deseo querido por todos y que escuchábamos diariamente en forma de súplica cantada durante la misión con la Virgen en preparación de este Año Jubilar: ‘Todos tus hijos, a ti clamamos, Virgen Mambisa, que seamos hermanos’”.
Aprendimos que la realidad y los conflictos ideológicos de Cuba son hoy tan complicados como lo han sido siempre y también así son los recuerdos de los que mucho han sufrido. Como resultado de nuestro viaje, hemos aprendido a honrar y respetar, más profundamente que nunca antes, esos recuerdos y los sacrificios de nuestros padres y abuelos. Nunca podremos pagarles por lo que hicieron en el pasado.
Quizás lo más importante que aprendimos es lo agradecidos que tenemos que estar por ser quienes somos y tener lo que tenemos. Estamos agradecidos a nuestro país, los Estados Unidos de América por brindarnos la expresión de libertad que es negada a otros. Les agradecemos a nuestros padres y abuelos el hecho de que, aunque Helin y yo no pudimos vivir en Cuba, no perdimos nada de la auténtica experiencia cubana – aun en Miami.
Sí, como la legendaria Cuba nosotros, los “cubanoamericanos”, existimos y tal vez, sólo tal vez, somos los llamados a ayudar a nuestros hermanos en la isla a comenzar algo nuevo y ese futuro mejor.
Manny García-Tuñón es el presidente de Lemartec, una firma internacional de diseño y construcción radicada en Miami, Florida.

El Papa y los cambios

Por Dalia Acosta
. (FIN/2012)
LA HABANA, 2 abr (IPS) - El mensaje de Benedicto XVI a favor de la necesidad de cambios en Cuba y en el mundo debería incluir también a las iglesias, según variadas voces de la sociedad civil de esta isla que, independientemente de creencias e ideologías, reconocieron el impacto de la visita papal.
Convencido de que muchas personas "no podrán darse cuenta ahora" de la importancia real de la visita realizada la pasada semana por el Papa a Cuba, el reverendo Raimundo García dijo a IPS que la Iglesia Católica muestra el poder de la renovación "en medio de circunstancias muy complicadas". "Se evidencia que Cuba es cada vez menos la imagen que muchos tienen de algo detenido en el espacio y el tiempo", añadió, vía correo electrónico, el pastor jubilado de la Iglesia Presbiteriana-Reformada en Cuba.
García, también director del Centro Cristiano de Reflexión y Diálogo, reconoció la "capacidad de diálogo" de la institución católica con el poder político y de gobierno del país.
"Tal vez sea el momento oportuno de estrechar esa mano", añadió el pastor, quien se destaca entre los promotores de un incipiente diálogo interreligioso en la isla.
Catorce años después de la visita del papa Juan Pablo II, considerada un punto de inflexión en las relaciones entre la Iglesia Católica y el Estado cubano, Benedicto XVI llegó a una sociedad que se vuelve cada vez más heterogénea, reconocieron los intelectuales católicos Roberto Veiga y Lenier González en respuesta conjunta a la consulta de IPS.
Veiga y González, editores de
Espacio Laical, revista del Consejo Arquidiocesano de Laicos de La Habana, señalaron que, al esbozar cuánto "queda por hacer para alcanzar un país mejor", el Papa promovió la verdad y la vida, el matrimonio y la familia, la libertad y la justicia, el diálogo y la inclusión social, el perdón y la reconciliación.
El "desafío" de esta propuesta, añadieron, consiste en la exigencia de "una metodología de relación y acompañamiento a una sociedad sumamente diversa", en la que cobran "consistencia movimientos que defienden agendas relacionadas con temas religiosos, ambientales, raciales, migratorios, de orientación sexual, de género y políticos".
Por otra parte, está el reto de incluir "a los cubanos de esta isla y de la diáspora". Podemos "encontrar emigrados que no quieren relacionarse con su patria y grupos políticos, de una y otra parte del espectro, que no aceptan el diálogo y el consenso como metodología para construir el país", señalaron.
La palabra "diálogo" se destaca en el centro de los análisis, incluso entre comunistas y activistas por los derechos sexuales, como el médico Alberto Roque, quien en un texto publicado en su blog
HOMO@sapiens.cu se cuestiona si la Iglesia Católica "también se percibe como parte del mundo" que debe cambiar.
Entre las necesidades de cambios, según varias preguntas enumeradas por Roque y enviadas a IPS vía correo electrónico, aparece la cuestión de si la Iglesia Católica estará dispuesta a cambiar sus posiciones sobre el aborto, las relaciones homosexuales, la subordinación de la mujer e, incluso, eliminar su influencia fundamentalista sobre determinados gobiernos.
"Las y los creyentes, las iglesias todas, deben formar parte del diálogo que mejore la nación que queremos", opinó Roque. En una posición más crítica, la bloguera feminista Yasmín S. Portales comentó a IPS que, con el actual "fortalecimiento de las posiciones políticas de la Iglesia Católica cubana", esta se afianza como "único interlocutor del gobierno", situación que genera "tensiones al interior de la sociedad civil" al restar legitimidad a otros actores.
Para la autora del blog
En 2310 y 8225, entre los saldos podría estar "el aumento de los obstáculos para la lucha contra la discriminación por orientación sexual e identidad de género y la amenaza, a mediano o largo plazo, del compromiso del Estado con la defensa de los derechos sexuales y reproductivos de toda su ciudadanía".
Sin embargo, apenas una minoría de las personas participantes en una consulta realizada por IPS en la red social Facebook, opinó que la Iglesia Católica podrá tener un impacto real en derechos conquistados por la población cubana hace décadas, como el aborto en condiciones institucionales seguras y el control de la natalidad.
Otra podría ser la situación en cuanto a "derechos por conquistar", como es el caso de las actuales propuestas de reformas legales a favor de las minorías sexuales y que, de entrada, hacen concesiones a los sectores más conservadores y patriarcales, al proponer unión legal en lugar de matrimonio y no incluir la adopción.
Así, el físico y bloguero Rogelio M. Díaz Moreno, creador de la bitácora
Bubusopia, alertó en conversación con IPS sobre el refuerzo desde la Iglesia Católica "de un discurso acaparador de toda la espiritualidad y valores éticos y familiares frente a otras posturas posibles".
Para la periodista Dixie Edith, el rescate de valores que sufrieron el impacto de la crisis económica de los años 90 no puede implicar el reforzamiento del patriarcado. "La familia enfrenta una crisis, pero la salida no está por el retorno al pasado, sino por la búsqueda de nuevas formas y relaciones más equitativas", dijo a IPS.
Opiniones en el
Café 108, sección de participación del sitio web de IPS en Cuba, destacaron el fortalecimiento de las relaciones entre la Iglesia Católica y el Estado, el apoyo a los cambios necesarios en la isla y a la reconciliación nacional y la condena a las sanciones económicas decretadas por Estados Unidos hace más de 50 años.
No faltaron, además, recordatorios de que esta isla no es un país de mayoría católica, sino de una amplia presencia de creyentes de otras religiones y de personas ateas, por lo que determinados espacios de diálogo o influenza social no deberían ser reservados para una sola iglesia o protagonizados por ella.
En ese sentido, Roberto Méndez, consultor del Pontificio Consejo para la Cultura del Vaticano, aseguró a IPS que el Papa prefirió ceñirse en sus intervenciones públicas a la ética que deriva de la tradición cristiana y que "puede ser puente de encuentro entre creyentes y no creyentes". "No hay que esperar de esta visita que por sí misma traiga espectaculares cambios en el ámbito social y político, eso es cuestión de los propios cubanos, pero sí creo que ayudará notablemente en las relaciones Iglesia-Estado y reforzará la presencia católica en el plano público", afirmó el escritor

La Cruz Roja y el irrespeto a su emblema.

BBC Mundo


El Comité Internacional de la Cruz Roja lamentó los sucesos de la Plaza Antonio Maceo, en Santiago de Cuba.

La aparición del logotipo de la Cruz Roja en circunstancias que no se corresponden con sus principios volvió a generar cierto revuelo mediático, en esta ocasión en el marco de la visita del papa Benedicto XVI a Cuba.
La estancia del Papa en Cuba dejó numerosas imágenes para el recuerdo. Una de ellas fue especialmente controvertida. En una grabación de video se pudo apreciar cómo las fuerzas de Seguridad del Estado retiraban bruscamente a un hombre que, en la Plaza Antonio Maceo en Santiago de Cuba, vociferaba frases contra el comunismo.
El video, que inmediatamente circuló por internet, desató reacciones de estupor e indignación. A la gente no le llamaba tanto la atención el hecho de que miembros de las fuerzas de seguridad reprimieran a alguien que se expresaba contra el régimen.
Lo que resultaba más sorprendente era ver a un hombre con un peto de la Cruz Roja y una camilla que se acercaba al detenido y lo agredía físicamente.
"Una conducta inaceptable"
La reacción de la Cruz Roja no se hizo esperar. Desde la delegación regional para México, América Central y Cuba del Comité Internacional de la Cruz Roja (CICR), con sede en la capital mexicana, comunicaron que se ha abierto una investigación para aclarar las circunstancias en que se dio el suceso.
El responsable de Comunicación Pública de la organización en dicha oficina, Julio César Torres, le dijo a BBC Mundo que el posicionamiento del Comité Internacional de la Cruz Roja y la Federación de Sociedades de la Media Luna Roja es claro: "Repudiamos y lamentamos la conducta que mostró esta persona por cuanto no coincide con los principios de humanidad, independencia e imparcialidad de la organización".
"La organización no acepta este tipo de comportamientos por ser contrarios a los fundamentos del Movimiento Internacional de la Cruz Roja"
Julio César Torres, portavoz de la delegación regional del CICR para Centroamérica
De momento es todo lo que la organización manifiesta, a la espera de conocer más detalles sobre los acontecimientos.
Torres confirmó que la investigación está en marcha y señaló que, una vez se conozcan los resultados, se adoptarán las medidas pertinentes. No se sabe quién es la persona que atacó al detenido ni el alcance de su relación con la organización humanitaria.
"La conducta no es aceptable", subraya Julio César Torres, y añade que la organización "no acepta este tipo de comportamientos por ser contrarios a los fundamentos del Movimiento Internacional de la Cruz Roja".
Otros usos inapropiados
Muchos recuerdan estos días lo que sucedió hace casi cuatro años, en el marco del rescate de la excandidata presidencial colombiana, Ingrid Betancourt y otros 14 rehenes, secuestrados por las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia, las FARC.
En la llamada Operación Jaque, que en un principio fue reconocida como acción ejemplar ya que no se disparó un solo tiro, se emplearon símbolos de la Cruz Roja para despistar a los miembros de la guerrilla.
Era julio de 2008 y, pasados los primeros días de euforia, comenzaron a aflorar las críticas. El objetivo se había cumplido, pero ¿a qué precio?
Uso delictivo del emblema de la Cruz Roja Mexicana
En julio de 2011, por lo menos 100 inmigrantes sin papeles fueron detenidos en el mexicano estado de Oaxaca cuando viajaban en un tráiler con emblemas de Cruz Roja Mexicana.
El vehículo, que tenía el rótulo de los 100 años de la Cruz Roja Mexicana, había sido utilizado durante los festejos de aniversario de la organización.
En aquella ocasión, Cruz Roja Mexicana condenó con rotundidad el uso de su logotipo para un acto criminal como es el transporte ilegal de personas.
"Este tipo de actos, sin duda, perjudican la labor humanitaria de la institución, ya que el uso de ese tipo de vehículos en todo el país es necesario para trasladar la ayuda humanitaria de manera oportuna y eficaz a zonas afectadas por desastres", declaró la organización en un comunicado.
El CICR emitió en ese momento un comunicado en el que lamentaba el mal uso del emblema de la organización para la operación del ejército colombiano, y lo tildó de violación del Derecho Internacional Humanitario y de los Convenios de Ginebra.
El uso de emblemas de la Cruz Roja o el abuso de otros signos o señales que sean reconocidos internacionalmente como símbolos de protección es, según el Protocolo I de 1977 de los Convenios, un "acto de perfidia".
El caso de Colombia requirió de un montaje más elaborado, con página de internet y toda una estrategia del engaño para lograr un fin específico. En el caso de los sucesos de Santiago de Cuba, se trata de un individuo que, en principio, actuaba solo.
Aun así, la organización está preocupada por el impacto que este tipo de sucesos puede tener sobre la imagen de la organización.
El hecho de que tanto el gobierno colombiano como las FARC sigan contando con la Cruz Roja Internacional como mediador válido en la liberación de rehenes puede ser indicativo de que el prestigio de la organización no se ve afectado por el mal uso que otros hagan de su imagen.