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miércoles, 27 de junio de 2012

Después de 53 años del “proyecto revolucionario”

¿Qué proyecto revolucionario es ese que después de 53 años de implantado tiene a la población sumida en la miseria y la desesperanza?
Cubaencuentro.  Andy P. Villa, Guadalajara | 02/04/2012 10:51 am
 Recientemente, el órgano oficial del único partido que existe en Cuba, el Granma, publicó un artículo donde acusaba a la oposición dentro de Cuba, ante la inminente visita del Papa, de “crear un clima turbulento, donde abunde el mito del abuso y se dé la idea de un pueblo reprimido” y de “querer presionar a Benedicto XVI para que se pronuncie contra nuestro proyecto revolucionario”.
¿Qué proyecto revolucionario es ese que después de 53 años de estar aplicándose tiene a la población sumida en la miseria y la desesperanza?
¿Qué proyecto revolucionario es ese que ha degenerado en que la mayor ilusión de sus ciudadanos sea la de emigrar de su país de origen?
¿Qué proyecto revolucionario es ese que destruyó la floreciente economía cubana de los años cincuenta y ha llevado a todo un país a los niveles más bajos de desarrollo y bienestar del planeta?
¿Por qué un grupúsculo de personas en el poder, que no llegan al 0.1 % de la población, tiene dominada y sometida a la esclavitud al otro 99.9 % de la población?
Ningún hombre tiene el derecho de esclavizar a otro hombre. Ningún pequeño grupo de poder tiene el derecho de esclavizar a todo un pueblo y atemorizarlo bajo el uso de la violencia y la acción de sus fuerzas represivas, las que en su mayoría son dignas de lástima, porque están sometidas igualmente a la esclavitud y a la miseria.
¿Qué derecho tuvo un simulador y mentiroso de secuestrar la Revolución Cubana y convertirla en su finca privada?, ¿qué derecho tuvo de traicionar a los que murieron en la lucha por la liberación de la dictadura de Batista y a los que sobrevivieron, e imponerles su sistema comunista?
¿Qué derecho tiene un clan familiar a imponerle a todo un pueblo su modelo de esclavitud?
¿Qué derecho ostenta un clan familiar para decirle a todo un pueblo cómo tiene que pensar?, ¿qué puede o no puede decir?, ¿qué tipo de literatura puede o no leer?, ¿con quiénes se puede comunicar?
¿Qué derecho se adjudica un clan familiar para imponerle a todo un pueblo qué puede o no puede comer?, ¿cómo puede o no vestirse?, ¿de qué forma puede o no llevar el pelo?, ¿qué preferencia sexual o religiosa debe tener?, ¿qué especie de animales domésticos puede o no criar para alimentarse?
¿Qué derecho se asigna un clan familiar para decidir cuando un ciudadano puede salir o no de su país, y además, cobrarle el equivalente a varios meses de trabajo cuando les permite viajar, y volver a cobrarles el equivalente a varios meses de trabajo si “se pasan del tiempo otorgado”?
¿Qué derecho le asiste a un clan familiar para negar la entrada a su propio país a sus nativos?
¿Qué derecho se atribuye un clan familiar para prohibir a sus ciudadanos que se reúnan, que se asocien o que creen alguna organización del tipo que deseen y con el objetivo que se les venga en ganas?
¿Qué derecho posee un clan familiar para impedirle a los ciudadanos de su país que se ganen la vida con el fruto de su trabajo y de su iniciativa?, ¿para decirle a sus ciudadanos a qué actividad económica se pueden dedicar y a cuales no?, ¿en qué moneda pueden cobrar y en cual no?
¿Qué derecho ha asistido a un clan familiar para cambiar la historia que se enseña en las aulas de un país, a relegar al olvido a patriotas y personajes ilustres anteriores a su “proyecto”, o para afirmar que siguen los mismos principios de nuestro apóstol José Martí?
¿Qué derecho ha validado a un clan familiar para convertir a todo un pueblo en ladrones para poder sobrevivir?
¿Qué derecho ha tenido ese clan familiar para convertir a los cubanos en un pueblo de maleducados?
¿Qué derecho se guarda un clan familiar para discriminar a sus ciudadanos y darle preferencias a los extranjeros en su propio país, aplicando un sistema de apartheid con base a su lugar de nacimiento?
¿Qué derecho le ha dado soporte a un clan familiar para convertir a Cuba en colonia de la Unión Soviética durante décadas, e imponernos el estudio de su idioma, la única opción de ver sus películas, documentales y dibujos animados, y tener que tragarnos una cultura que nada tiene que ver con la idiosincrasia del pueblo cubano?
¿Qué derecho ha tenido ese clan familiar, actuando como gobierno, para desprestigiar, insultar y denostar a sus propios ciudadanos, a los que debería defender, por el hecho de no someterse a sus caprichos?
¿Qué derecho ha validado a ese clan familiar para afirmar que tienen el apoyo de toda la población y para hablar en nombre de todo un pueblo que en 53 años jamás ha tenido la oportunidad de elegir a sus gobernantes, ni de escoger entre otras opciones que no posean el apellido de ese clan familiar?
Pocas veces se recibe en Cuba a personajes de relevancia mundial que atraigan las miradas hacia la Isla desde todos los rincones de este planeta. La pequeña pero valiente oposición cubana tuvo todo el derecho de aprovechar la oportunidad de la visita del Papa para hacerle saber al mundo que Cuba es un pueblo esclavizado, en donde se violan los derechos humanos y existe una dictadura abusadora e inhumana. Pero, que a pesar de eso, también hay cubanos dispuestos a luchar por democratizar a su país y que el mundo sepa que todos los cubanos no somos sumisos ni masoquistas.
He sentido mucha vergüenza cuando, en múltiples ocasiones, amigos mexicanos me han preguntado sobre mi país y me han dicho, con mucha razón, que no entienden cómo es que los cubanos hemos soportado más de 50 años de esclavitud y no hemos hecho nada para sacar del poder al tirano. Muchos de ellos han viajado a la Isla y comprobado por sí mismos la miseria y el miedo del pueblo a expresarse abiertamente. Han regresado con la opinión de que los cubanos somos cobardes o masoquistas.

jueves, 21 de junio de 2012

Una falta de solidaridad

Lincoln Diaz-Balart  
1 April 2012
El Nuevo Herald
El Papa Benedicto XVI nunca debería haber aceptado las condiciones en las que insistió la dictadura cubana para su viaje. Al seguir las condiciones de la dictadura al pie de la letra, el viaje constituyó una triste manifestación de falta de solidaridad hacia la opresión del pueblo cubano.
Fue impropio que el Papa no se reuniera con las Damas de Blanco, católicas devotas. Fue impropio que no mencionara el sacrificio de Zapata, Villar y Laura Pollán, mártires recientes de la lucha por la libertad de Cuba.
Se conoce comúnmente que el matrimonio de conveniencia de la Iglesia con la dictadura fue planeado y guiado por el colaboracionista cardenal cubano Ortega. Pero el hecho que el señor cardenal (“¡Saquen a la fuerza a los opositores pacíficos de la iglesia!”), haya sido quien planeó la boda, no justifica el matrimonio.
Se ha repetido la historia en Cuba. Recientemente releí la magistral obra sobre la política del Vaticano hacia Cuba en el siglo XIX por el historiador jesuita Manuel Maza Miguel, Entre la ideología y la compasión . León XIII, un Sumo Pontífice erudito y extremadamente respetado, fue aliado de muchas justas causas en su tiempo, pero no fue amigo de la libertad de Cuba. Maza Miguel describe como iglesias católicas fueron utilizadas como fuertes del ejército colonial español en Cuba. “¿Cómo explicar que un Papa, como el extraordinario León XIII, tan solidario con la clase obrera, no pudiera comprender la justicia de la causa independentista de Cuba?”. El historiador jesuita continúa: “Las medidas que tomarían las autoridades civiles y eclesiásticas españolas contra los que buscaban un nuevo rumbo para Cuba limitarían decisivamente la presencia y el vigor del catolicismo en el ethos cubano”.
Hay muchos católicos admirables y patriotas en Cuba, y la Iglesia sobrevivirá esta difícil prueba de fe para los católicos cubanos. Pero la historia no se puede separar de la política. No es sorprendente que, en contraste con muchos países de Europa y Latinoamérica, nunca hubo un partido político demócrata cristiano de importancia durante la primera República (1902-1958). Yo creo que la influencia política de la Iglesia será aún menor en la Segunda República que se aproxima a pesar de la cruel falta de solidaridad que los cubanos han sufrido por más de cinco décadas.

Lo que el Papa vio en Cuba

Carlos Alberto Montaner  
1 April 2012
El Nuevo Herald
Cientos de millones de personas vieron al papa en Cuba, oyeron sus discursos y contemplaron lo que allí sucedió. Cada uno de esos testigos, como es natural, percibió la visita de manera diferente. Ahora lo interesante es saber cuál fue la percepción del papa y de su entorno. Esto es lo que he podido averiguar por medio de fuentes eclesiásticas (y otras) que desean mantenerse en total anonimato. Algunas de esas fuentes estuvieron muy cerca del Santo Padre.
Primero. A Benedicto XVI le sorprendió el inmenso contraste entre el recibimiento mexicano –alegre, libre, multitudinario y espontáneo–, en medio de una ciudad viva y económicamente vibrante, y las crispadas ceremonias cubanas, evidentemente controladas por la policía política, celebradas en un país empobrecido hasta la miseria, precedidas por centenares de detenciones. El espectáculo horrendo de un joven salvajemente golpeado por un policía disfrazado de camillero de la Cruz Roja le tocó el corazón al papa y se interesó personalmente por su destino. Al fin y al cabo, el pobre hombre sólo había gritado “abajo el comunismo”, versión popular de lo que él mismo había dicho al salir de Italia cuando declaró que el marxismo era una ideología fracasada a la que había que enterrar.
Segundo. Al papa y a su séquito les pareció lamentable que Raúl Castro pronunciara en Santiago de Cuba el clásico discurso estalinista de guerra fría con que intentaba justificar la dictadura. Esperaban un mensaje de cambio y de esperanza, no de reiteración de las líneas maestras del régimen. Ese texto, junto a los discursos que pronunciaron el canciller Bruno Rodríguez y el vicepresidente a cargo del sector económico, Marino Alberto Murillo, los convencieron de que Raúl Castro está mucho más interesado en mantenerse anclado en el pasado que en preparar un futuro mejor para los cubanos.
Tercero. Comprobaron, con dolor, que la petición del anterior papa, Juan Pablo II, durante su visita de hace 14 años, encaminada a que los cubanos perdieran el miedo, había sido inútil. Salvo unos cuantos centenares de demócratas de la oposición, permanentemente acosados y golpeados, y a veces encarcelados, ésa es una sociedad podrida por el miedo. Pero la manifestación de miedo que más les intrigó no fue la de los opositores, sino la de los aparentes partidarios. Conocieron muy de cerca el doble lenguaje y eso los aterró. Cuando hablaban a solas con los funcionarios, estos se manifestaban abiertos, tolerantes y deseosos de reformas profundas que abarcaran el terreno político. Uno, en privado, hasta llegó a admitir que eran necesarios el multipartidismo y las elecciones libres para que la sociedad realmente avanzara hacia la modernidad, aunque los comunistas perdieran el poder. Pero, tan pronto se sumaba otra persona a la conversación, o aparecían los periodistas, retomaban el discurso ortodoxo más inflexible y estalinista, repitiendo el guión oficial sin excluir una sola coma. Era un espectáculo muy penoso.
Cuarto. El papa y su comitiva confirmaron lo que ya intuían: la Iglesia cubana está escindida en dos líneas clarísimas: la del cardenal Jaime Ortega, contemporizador hasta el extremo colaboracionista de pedirle a la fuerza pública que desalojara un templo ocupado por unos feligreses que deseaban protestar contra la dictadura, a sabiendas de que serían detenidos y seguramente maltratados, y la de obispos como Dionisio García Ibáñez, quien fue ingeniero antes de ordenarse como sacerdote, mucho más firme en su rechazo al régimen cubano. Mientras Jaime Ortega se queda en el ámbito de la compasión por algunas víctimas del gobierno (evidentemente no de todas), Dionisio (aun cuando sigue siendo amigo del Cardenal) y otros sacerdotes, como el famoso cura José Conrado Rodríguez, párroco en una iglesia de Santiago de Cuba, están convencidos de que no habrá alivio ni reconciliación entre los cubanos hasta que ese régimen no sea pacíficamente sustituido por una verdadera democracia que tome en cuenta las opiniones de toda la sociedad y no solamente las de un puñado de ultracomunistas enredados en las telarañas del pasado.
Quinto. El papa comprobó que su contemporáneo Fidel Castro –tienen la misma edad– está en peores condiciones físicas y mentales que él. Encontró a un ancianito físicamente desvalido, mentalmente errático y con graves dificultades para comunicarse. Está liquidado. El papa, que es un hombre bueno, oró por él. Ésa es la costumbre cristiana.

Nuestra experiencia cubana

Manny García-Tuñón  
Pequeños Negocios
2 April 2012
El Nuevo Herald
Mi esposa Helin y yo compartimos muchas experiencias culturales. Los dos nacimos en Miami, hijos de padres cubanos que emigraron a los Estados Unidos como jóvenes después de que Fidel Castro tomara el poder a la fuerza y convirtiera a la idílica isla en un estado comunista. Ninguno de los dos tenemos familia en Cuba y nunca habíamos considerado viajar a la isla mientras los cubanos siguieran sufriendo bajo el comunismo. Pero Helin y yo también compartíamos la misma penosa duda. Como muchos miembros de nuestra generación que nacimos en el exilio y nunca nos hemos sentido lo suficientemente americanos para ser americanos o lo suficientemente cubanos para ser cubanos, siempre nos sentimos robados de la auténtica experiencia cubana y nos preguntábamos, “¿Somos cubanos o americanos?” Crecí pensando que yo era un “cubanoamericano,” pero, ¿existe esto en realidad? La semana pasada recibimos juntos la respuesta a nuestra pregunta.
El lunes 26 de marzo a las 10:00a.m., el segundo de dos aviones alquilado por la Arquidiócesis de Miami con 310 peregrinos viajando para asistir a las misas papales en Cuba aterrizó en Santiago – esa legendaria tierra donde el papá de Helin, que falleció hace cuatro años, había nacido. Helin y yo estábamos en ese avión. Cuando el avión tocó tierra yo la cogí de la mano mientras ella sólo miraba por la ventana. Entonces, finalmente, se viró y me dijo “de verdad existe…”. “Sí” le dije con compasión. Cuba, la Tierra de Nunca Jamás de nuestra generación, realmente existe.
Para nosotros, el viajar con nuestra Arquidiócesis de Miami como peregrinos de la histórica visita de Benedicto XVI, era la justificación para hacer el viaje. Las emociones que Helin y yo experimentamos juntos en Cuba fueron de la felicidad a la tristeza y del furor a la alegría. Nos unimos a los fieles que aplaudían y cantaban mientras el Santo Padre llegaba a celebrar las misas – ¡muchos sabían todas las canciones y las respuestas! Nos quedamos sin palabras al ver que muchas de las mismas personas aplaudieron cuando llegó su dictador. Nos reímos. Lloramos. Rezamos mucho. Mi primo, que también estaba en la peregrinación de Miami, les decía a todos los que conocía “recuerda que somos hermanos”. Ellos también se rieron. Lloraron. También rezaron.
Hablamos con la gente que conocimos en las calles. Les hacíamos preguntas, compartimos nuestro testimonio y aprendimos mucho. Una cosa muy importante que aprendimos es que la mayoría de los cubanos en la isla simplemente no sabe ser libre. Piensan que “los derechos” son algo que el gobierno da y quita al pueblo. No tienen noción de que sus derechos son inalienables, dados por Dios, y por lo tanto, que nadie se los puede arrebatar —especialmente su libertad. No entienden que ellos son libres, porque nacieron bajo un sistema que les ha quitado su “expresión de la libertad”, pero no su libertad. Y no su dignidad como seres humanos. Eso les pertenece. Únicamente, ellos no lo saben.
Nos dimos cuenta de que el Arzobispo de Santiago de Cuba es un verdadero pastor de los cubanos dentro y fuera de la isla. En su mensaje en la Plaza de Antonio Maceo, el Arzobispo Primado dijo: “El proceso de alcanzar estos ideales nunca termina, también hoy estamos empeñados en conseguir que el bienestar y la justicia lleguen a todos. Somos un solo pueblo pero con diferentes criterios en cuanto al camino para buscar un futuro mejor. A lo largo de nuestra corta historia, este hermoso empeño se ha visto oscurecido por los egoísmos, la incapacidad de diálogo y de respeto al otro, la presencia de intereses ajenos a los nuestros, la exclusión y la intolerancia, hasta llegar a ser irreconciliables, en vez de buscar las coincidencias que nos animan a caminar juntos. Hemos llegado a la violencia entre cubanos, que hace sufrir a todos, no beneficia a nadie, hiere la dignidad y dificulta el verdadero desarrollo material y espiritual de nuestro pueblo. Es necesario superar las barreras que separan a los cubanos entre sí. Este es un deseo querido por todos y que escuchábamos diariamente en forma de súplica cantada durante la misión con la Virgen en preparación de este Año Jubilar: ‘Todos tus hijos, a ti clamamos, Virgen Mambisa, que seamos hermanos’”.
Aprendimos que la realidad y los conflictos ideológicos de Cuba son hoy tan complicados como lo han sido siempre y también así son los recuerdos de los que mucho han sufrido. Como resultado de nuestro viaje, hemos aprendido a honrar y respetar, más profundamente que nunca antes, esos recuerdos y los sacrificios de nuestros padres y abuelos. Nunca podremos pagarles por lo que hicieron en el pasado.
Quizás lo más importante que aprendimos es lo agradecidos que tenemos que estar por ser quienes somos y tener lo que tenemos. Estamos agradecidos a nuestro país, los Estados Unidos de América por brindarnos la expresión de libertad que es negada a otros. Les agradecemos a nuestros padres y abuelos el hecho de que, aunque Helin y yo no pudimos vivir en Cuba, no perdimos nada de la auténtica experiencia cubana – aun en Miami.
Sí, como la legendaria Cuba nosotros, los “cubanoamericanos”, existimos y tal vez, sólo tal vez, somos los llamados a ayudar a nuestros hermanos en la isla a comenzar algo nuevo y ese futuro mejor.
Manny García-Tuñón es el presidente de Lemartec, una firma internacional de diseño y construcción radicada en Miami, Florida.manny@mgtunon.comwww.unosminutosconmanny.com

Fidel Castro a la Iglesia: podemos ser amigos sin que pensemos igual; Benedicto XVI: el marxismo no es una alternativa real para el mundo actual

ANDREA RODRIGUEZ  
AP / El Nuevo Herald
1 April 2012
LA HABANA
Para ser amigos no hace falta tener las mismas creencias, aseguró el ex gobernante Fidel Castro poco después de la visita del Papa Benedicto XVI a la nación caribeña y de comentarios de este en el sentido de que la ideología marxista no era viable.
Castro, quien se reunió con Benedicto el miércoles, publicó una de sus sus columnas de opinión el viernes en la que explicó que “para compartir la amistad no hay que compartir las creencias”.
El Sumo Pontífice visitó Cuba entre el 26 y el 28 de marzo.
Poco antes de arribar, Benedicto XVI, dijo a periodistas que a su criterio el marxismo tal como lo conocemos no era una alternativa real para el mundo actual.
Durante sus jornadas en la isla, Benedicto XVI pidió más espacio para la religión en Cuba, un estado laico, un reclamo histórico de la institución religiosa que desea tener escuelas y acceso a los medios de comunicación, ambos completamente estatales aquí.
Pero también criticó las sanciones económicas de EEUU que buscan presionar para cambios en el modelo político de la isla.
Castro no aludió el encuentro que sostuvo con el jerarca católico en la sede de la Nunciatura Apostólica de esta capital.

¿Qué hace un Papa?

2 April 2012
El Nuevo Herald
¿Qué hace un Papa? La pregunta de Fidel Castro no es tan absurda como parece. Y sería muy bueno que nos la hiciéramos todos con más frecuencia, no solo con respecto al Papa. Por ejemplo: ¿qué hace un Dominique Strauss Khan para merecer el reconocimiento y la admiración de tantos, para llegar a “dirigir” –hacia dónde, solo Dios lo sabe– las finanzas del mundo desde el timón del Fondo Monetario Internacional, y para llegar a estar a un paso de la primera magistratura en Francia? O bien, y para el caso, ¿qué hacen los tipos como Lloyd Blankfein, el chairman de Goldman Sachs, o Jamie Dimon, el de JP Morgan Chase, para justificar sus salarios y sus bonos (y los de sus secuaces)?
Nuestros “maestros simplificadores”, los flautistas del dogma del mercado, encuentran la respuesta en el libre juego de la oferta y la demanda, y procuran evadir cualquier pregunta incómoda con el “recurso” de comparar a los capos de Wall Street con los artistas o deportistas mejor pagados. Pero yo sé lo que hace Lebron James y como canta –y se mueve– Shakira, por ejemplo. Y también sé lo que hace el Papa, sobre todo después de actividades como su reciente visita a Cuba y a México (Fidel también lo sabe, pero al igual que a nuestros dogmáticos, le conviene hacerse el tonto).
Pero lo que hacen Dominique, Lloyd y Jamie es un misterio. Cuando menos es que son artistas, quizás sean la reencarnación de Los Tres Chiflados, que vuelven al cine este verano. Pero con DSK en el papel de Curly, la película llevará una calificación de X, no apta para menores.

Cuba: la nueva y vieja represión

Alejandro Armengol  
2 April 2012
El Nuevo Herald
Un joven sale de su casa, a comprar cigarrillos a la esquina, y un auto policial se le acerca, lo detienen y por 24 horas permanece en el calabozo, sin causa alguna en su contra, solo para dar tiempo de que termine la visita papal. Transcurrido ese tiempo lo ponen en libertad. Sacan a un hombre de la plaza donde Benedicto XVI está a punto de comenzar una misa en Santiago de Cuba, por gritar “Abajo el comunismo”, y mientras es llevado fuera del lugar varias supuestos feligreses lo golpean con impunidad. Alguien que viste una guayabera blanca le da un golpe en la cabeza y sigue allí de pie, impune, como si simplemente lo hubiera saludado. Un miembro de la Cruz Roja no sólo le da en la cara, sino que también lo agrede con la camilla, un objeto cuyo destino es trasladar heridos o enfermos, no servir como arma agresora. Del totalitarismo de Fidel Castro al autoritarismo de Raúl, la represión en Cuba está tornándose caótica y amenaza con volverse incontrolada.
No es que la agresión impune no se ejerciera en la isla con anterioridad, pero por lo general se recurría a ella en momentos de crisis, como durante el éxodo del Mariel. Ahora la crisis se ha vuelto permanente y ese sector soez de la población, donde el lumpen proletario ha recibido carnet de represor, y al resentido y envidioso le han dado carta libre para desahogar su frustración, ha sido seleccionado para llevar a cabo el trabajo sucio, ese donde la represión es más burda –el golpe, el insulto y la humillación– y visible.
Asistimos a una táctica con al menos dos objetivos claros: amedrentar y limpiarse las manos. Raúl Castro quiere mantener a las fuerzas armadas fuera del ejercicio cotidiano de amedrentar a la población, al tiempo que convierte al terror en una práctica cotidiana, pero sin una institucionalización aparente. Así el aparato coercitivo del gobierno se presenta como una institución protectora que garantiza el orden y no como una maquinaria destinada a crear miedo y hasta pánico. Por ejemplo, la policía y las fuerzas de seguridad están para proteger a las Damas de Blanco de la ira del pueblo. Los opositores no son sancionados con largas condenas –a no ser que traspasen ciertas barreras, tras varias advertencias– sino amenazados constantemente, detenidos unos pocos días, “desaparecidos” por unas cuantas horas.
Uno de los problemas con este tipo de tácticas –más allá, por supuesto, de la condena elemental– es que llega el momento en que se torna difícil de controlar.
Esa mujer que insulta y araña, ese hombre que sale con una cabilla en un cartucho, aquellos que forman parte de las turbas que agreden a varios ciudadanos indefensos que realizan una protesta pacífica, constituyen un grupo heterogéneo, al que aparentemente se controla fácilmente por medio de esos mismos mecanismos de terror, con pequeñas prebendas, algún que otro beneficio monetario o emocional y alimentando sus frustraciones y resabios, pero que al mismo tiempo resulta poco confiable, de gran inestabilidad emocional e irracional por naturaleza. Es decir, gente peligrosa que al tiempo que se alimenta y vive del caos es incapaz de comportarse con responsabilidad e independencia.
Hay que reconocer que hasta el momento el gobierno cubano ha podido controlar a sus turbas, pero hasta cuándo ello será posible resulta difícil de predecir.
Lo que llama la atención es que mientras el espectro amplio del sector más inconforme con la realidad cubana se transforma de acuerdo a las características de la sociedad actual, y se podría hablar de una disidencia tradicional –vertical en buena medida e ilustrada–, un fenómeno post disidente como son los blogueros y una oposición que proviene de las capas más desfavorecidas de la población –de baja escolaridad y bordeando o dentro de la marginalidad social–, la represión continúa anquilosada en sus formas más burdas. En última instancia, el “recurso perfecto” para acallar cualquier voz independiente en Cuba son los actos de repudio.
En ese sentido, se podría afirmar que el Estado cubano se comporta con una tacañería extrema y no admite la menor manifestación de independencia. Donde la función opositora ha evolucionado de un enfrentamiento radical al desacuerdo, la disidencia y la simple búsqueda de una vida propia, el gobierno continúa plantado en no permitir la menor apertura de un espacio político. Bajo una óptica represiva, es lógico que una negativa tan burda a cualquier tipo de reforma necesite de acciones y mecanismos igualmente burdos para sostenerse en el poder. Del agente de seguridad sagaz y de mentalidad fría al matón de esquina, dispuesto siempre a golpear al indefenso, como la forma perfecta de demostrar su poder.
Ante el más leve temor de amenaza, el régimen cierra filas. El terror es el único instrumento en que confía. La turba que ahora golpea y veja se apoya en el policía listo para encarcelar y en el tribunal sin decoro que condena la decencia. Pero al mismo tiempo se asiste a un fenómeno de desgaste, en que la represión más elemental e inmediata va quedando cada vez más en manos de sujetos irresponsables y agresivos por naturaleza. La conducta de estos sujetos es la cara más turbia de un monstruo con varias cabezas, y no debe verse de forma aislada: constituye la esencia del sistema imperante en Cuba.

Damas de Blanco temen más represión (EFE/ENH(

1 April 2012
LA HABANA
Las disidentes Damas de Blanco tacharon el domingo de “migaja” a la Iglesia católica la decisión del gobierno de Cuba de declarar festivo el próximo Viernes Santo, 6 de abril, con “carácter excepcional”, tras la petición del papa Benedicto XVI en su visita a la isla.
“En el mundo entero el Viernes Santo hay un receso. Realmente esta es una migaja que el gobierno cubano le va a dar a la Iglesia católica que quiere espacio en la televisión, la radio y los medios educacionales que el gobierno cubano no se lo va a dar”, señaló la portavoz del grupo, Berta Soler.
A través de una nota oficial en los medios cubanos publicada el sábado, el gobierno de Cuba anunció la declaración de receso “con carácter excepcional” para el próximo Viernes Santo si bien “los órganos superiores” del país determinarán si esa decisión es definitiva para el futuro.
Berta Soler hizo estas declaraciones a la salida de la iglesia habanera de Santa Rita tras asistir a la misa del Domingo de Ramos y desfilar junto a cuarenta de sus compañeras por la avenida aledaña al templo.
La portavoz del colectivo femenino auguró también “momentos muy difíciles” porque teme que aumente la represión de las autoridades gubernamentales hacia el grupo.
“Se nos están acercando momentos muy difíciles. El gobierno cubano no está jugando pero nosotras tampoco”, advirtió a sus compañeras.
Soler hizo insistentes llamados a la “conciencia” de las mujeres porque, porque según su apreciación, “no es nada fácil lo que viene” para el grupo tras las detenciones temporales de decenas de disidentes -incluidas algunas de ellas- durante la visita del papa Benedicto XVI, del 26 al 28 de marzo pasado, a la isla.
Denunció que el gobierno cubano “copó los calabozos de Damas de Blanco y activistas de derechos humanos, y copó las dos plazas donde dio las misas el Santo Padre (en Santiago de Cuba y La Habana), con personas ateas”.
“El gobierno cubano no respetó que el Santo Padre estaba en Cuba y llevó a más de 100 mujeres a los calabozos y a muchos activistas de derechos humanos”, afirmó Soler.
De acuerdo con sus registros, en estos momentos están detenidas 7 integrantes del colectivo en la ciudad central de Santa Clara y dos en La Habana.

El periplo de Benedicto XVI dejó un sabor agridulce (ENH)

El periplo de Benedicto XVI dejó un sabor agridulce (ENH)
Reacción mixta a la visita del Papa a Cuba 

La visita del Papa Benedicto XVI la semana pasada a Cuba dejó atrás una estela de opiniones encontradas sobre su significado y posibles repercusiones en la isla de gobierno comunista.
Los analistas están de acuerdo en que tomará tiempo para ver los verdaderos resultados incluso de las partes más concretas de la visita, como la solicitud que Benedicto XVI le hizo al gobierno para permitir el regreso de las escuelas católicas, confiscadas por el gobierno ateo de Fidel Castro a principios de la
década de 1960.

Todavia más tiempo tendrá que pasar, añadieron, antes de que se pueda ver el impacto de los comentarios del Papa en temas más amplios, como la necesidad de libertad y la reconciliación de los cubanos de la isla y del exterior.

Cinco años después de que el Papa Juan Pablo II realizó su histórica visita a Cuba en 1998, los jueces castristas sentenciaron a 75 disidentes pacíficos a 28 años de prisión en una dura campaña contra la oposición, conocida en la isla como la “Primavera Negra”.

El viaje de Benedicto XVI a Cuba, según la versión del Vaticano, estaba diseñado para respaldar el esfuerzo de la Iglesia en Cuba por abrir nuevos espacios para su trabajo social en la isla, mientras reconocía los recientes gestos amistosos del gobierno hacia la Iglesia.

Pero sus dos homilías y tres discursos, además de los dos discursos del gobernante Raúl Castro durante la visita de tres días, provocaron reacciones entre los analistas que fueron desde un efusivo optimismo hasta una profunda decepción.

“En esa Plaza (de la Revolución, en La Habana),. con esos micrófonos que sólo han sido usados por los Castro durante 53 años, el mal le cede el espacio a un hombre que llega para hablar de la libertad”, dijo Dora Amador, una activista católica de Miami.

Lo que es más, los muchos cubanos no católicos que asistieron a las misas papales en La Habana y Santiago de Cuba participaron en “un hecho evangélico sin precedentes”, afirmó. “Uno no sabe en qué corazón se sembró una nueva fe”.

“El resultado de la visita del Papa no se va a ver hoy, no se va a ver mañana, pero me atrevo a decir que fue extraordinario”, puntualizó Amador, quien no solicitó una visa cubana para ser testigo de la visita de Benedicto XVI porque La Habana le ha negado los permisos de entrada en dos ocasiones anteriores.
Joaquín Rodríguez, un sacerdote cubano en la iglesia de San Martín de Porres, en Miami, dijo que Benedicto XVI lo hizo bien en su misión de “apoyar al pueblo cubano y alentar al gobierno cubano, con respeto, pero con firmeza”, a mejorar la sociedad en la isla.

Pero agregó que si Raúl Castro fuera Pinocho, “su nariz hubiera llegado a la otra parte del aeropuerto” después de que dijo que su gobierno compartía valores morales con la Iglesia, poco antes de que el Papa partiera de regreso a Roma.  “Ese lugar es una cárcel”.

Julio Hernández, un partidario en Miami del Movimiento Cristiano Liberación, del disidente habanero Oswaldo Payá, dijo que estaba complacido de que el Papa hablara tanto de los abusos en la isla como de la necesitad de reconciliación de “todos los cubanos de todas las orillas”.

Las palabras de Benedicto XVI al gobierno, agregó Hernández, mostraron un firme estilo de tratar con temas sensibles que fueron diferentes del estilo de “algunos” de los jerarcas de la Iglesia en Cuba.
El comentarista radial de Miami Max Lesnick, quien viaja con regularidad a La Habana, escribió que los ganadores de la visita fueron “Cuba, su pueblo, la Iglesia, el Papa, el Vaticano y el gobierno cubano” y “los perdedores fueron los que trataron de sabotear la visita del Papa a la isla… levantando consignas de
odio”.

Sin embargo, muchos de los analistas contactados para esta historia alegaron que la visita de Benedicto XVI hubiera sido mejor si se hubiera reunido con los disidentes cubanos. El Vaticano dijo que su programa estaba demasiado lleno, pero Benedicto XVI hizo espacio para una visita no programada de 30 minutos con Fidel Castro.
Benedicto XVI tampoco dijo nada en publico sobre los más de 250 disidentes arrestados para mantenerlos alejados de los eventos papales. Ese fue el caso de Martha Beatriz Roque, quien dijo que 20 agentes de la Seguridad del Estado la bloquearon durante tres días dentro de su pequeño apartamento.

Roque destacó que ella era uno de los 750 disidentes que firmó una carta urgiéndole a Benedicto XVI a cancelar su viaje porque era seguro que el gobierno iba a arrestar a disidentes en toda la isla en preparación para la visita.

“Hay que esperar si esto dio resultados”, dijo el jueves Roque a El Nuevo Herald. “Pero la estela de represión que ha dejado no es recompensada por nada que pueda haber ganado”.

En un editorial titulado “Una responsabilidad traicionada”, el blog Diario de Cuba denunció que “queda claro después de esta visita que quienes lideran la Iglesia están dispuestos a servidumbres varias con tal de ganar terreno”.

“El catolicismo, según lo interpretan ellos, parece básicamente interesado en los asuntos de la Iglesia y conlleva una peligrosa tendencia al concordato, no importa cuanta democracia haya que echar de menos”, agregó el blog con sede en España.

Otra que criticó la visita fue Bertha Soler, líder de las Damas de Blanco, quien había pedido repetidamente “sólo un minuto” para reunirse con Benedicto XVI. En cambio, ella y su esposo fueron arrestados el miércoles durante más de 13 horas para mantenerlos fuera de la misa en La Habana.

“Sabemos que [el Papa] vino para un acercamiento entre la Iglesia y el gobierno, pero no escuchó a su rebaño, a los marginados, a los oprimidos”, dijo Soler a El Nuevo Herald.

La visita fue “manipulada” por el gobierno para su propia ventaja, agregó, “pero aunque no nos sentimos a gusto con lo que sucedió, no vamos a perder la fe o el amor por Dios”.

El lunes pasado, el día en que Benedicto XVI llegó a Santiago de Cuba, el vicepresidente cubano Marino Murillo, a cargo de las reformas económicas de Raúl Castro, dijo rotundamente en una conferencia de prensa que “no habrá reformas políticas en Cuba”.

El arzobispo de Miami, Thomas Wenski, declaró con más optimismo después de regresar el jueves de Cuba que el viaje de Benedicto XVI tendrá un impacto positivo, pero pidió paciencia.

“El Papa no puede hacer en un día lo que los cubanos no han sido capaces de hacer en 50 años”, dijo.